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Buenos hábitos en verano

2009-06-25  ¦  DV

Los "caprichos" en la alimentación, la deshidratación ligada a las altas temperaturas y los desórdenes de horarios en las comidas son tres factores que pueden hacer que empeore la dieta de los niños durante las vacaciones de verano.

Buenos hábitos en verano

Durante el verano, es frecuente que los niños tomen pocos cereales. El consumo de pan en la comida o entre horas, incluyendo a veces pasta o arroz, puede ayudar a revertir esta tendencia, dado que los cereales deben ser base de la alimentación.

Otro error muy extendido es el escaso consumo de verduras, a pesar de que los niños deben tomar 5 raciones diarias, entre frutas y verduras. Tampoco pueden faltar los lácteos, dos y tres veces al día.

Para no empeorar la nutrición de los menores en verano, es importante que sigan haciendo tres comidas principales, complementada con otras dos más ligeras: a media mañana y un tentempié a la tarde.

Se debe mantener el hábito de realizar un correcto desayuno (cambiando algo el horario), pero manteniendo la organización de las comidas, y evitar el picoteo entre horas, consumiendo de forma moderada como en invierno, grasas, dulces, golosinas y snacks.

Se aconseja consumir abundante cantidad de líquidos, principalmente agua, sin esperar a tener la sensación de sed.

PLATOS DIVERTIDOS Y DE COLORES

El tentempié para la playa o después de la cena, cuando pasa mucho tiempo antes de que el niño vaya a dormir, debe ser:

  • Fruta (en forma de brocheta o bañada en chocolate), yogurt o leche (para los más pequeños se puede hacer en forma de batidos de frutas frescas y mezcladas con yogurt)

Evitar "caer" en soluciones de complacencia con aporte energético innecesario y escaso valor nutricional.

  • Combinar los alimentos menos deseados, como algunas verduras o pescados, con los más apetecibles, como carne o pasta. (Preparar pizzas de verduras o hamburguesas de filetes de pescado).

Las vacaciones son un momento ideal para mejorar los hábitos de alimentación de los niños ya que, con las vacaciones, los padres tienen más tiempo para completar esta labor educativa y los alimentos de temporada son una oportunidad para que los niños, dentro de un ambiente festivo, prueben nuevos sabores.