Fíjate en los envases, haz una compra sostenible

La compra sostenible se relaciona a los productos sin envase, a aquellos productos que podemos adquirir tal como son, sin envoltorios. Pero existen varios factores a tener en cuenta, pues la propia producción del producto ya tiene un efecto sobre el planeta.

Todos y todas conocemos las líneas generales recomendadas, el cómo reciclar y/o reutilizar ciertos envases, el optar por productos de proximidad… Todo enfocado a reducir el consumo de energía, agua, emisiones de CO2, distribución, etc.

En cambio, existen ciertos productos que no pueden venderse sin envase o es más incómodo y complicado realizarlo así. Este es el caso de la leche, el aceite y los yogures, por ejemplo. En estos casos lo más apto es optar por los envases más grandes, evitar los formatos individuales que implican mayor cantidad de envoltorio por unidad. Por su parte, sobre el tipo de envase, lo más recomendable sería optar por vidrio. Este material puede ser 100% reciclado sin perder calidad y propiedades en múltiples ocasiones, en definitiva, es la opción más sostenible.

En el otro lado de la moneda, estarían los tetrabrick. Estos envases son más complicados de reciclar por estar fabricados a partir de materiales de distintas tipologías. A diferencia de las botellas de vidrio, solo el 75% de cada envase de tetrabrick puede ser reciclado. Y además, la huella medioambiental de este tipo de productos es mayor, pues el mayor productor de tetrabricks no tiene sede en España y el material es importado asumiendo también el impacto medioambiental de ese transporte.

Por su lado, las latas de aluminio y acero pueden reciclarse al 100% pero aún y todo tienen unos costes medioambientales relativos a la producción muy altos. ¿Cómo puede ser esto? La producción de latas implica muchos recursos no renobables para su fabricación y transporte. Y además, su peso ligero puede llegar a complicar la selección de residuos y hacerlos escapar de ella conduciendo a su no reciclaje. Estos envases son los más utilizados como recipientes de refrescos y cervezas, por ejemplo.

Las bolsas, que tan útiles son para el transporte y envalaje en nuestros supermercados, producen también grandes cantidades de basura. Se calcula que una persona, como mínimo, utiliza 144 bolsas de plástico al año. Por ello, lo mejor es evitarlas aún si optamos por opciones más sostenibles como el papel o las fibras vegetales. Estas últimas, además, pueden contener plásticos que no son fácilmente degradables. De esta manera, lo más recomendable en cuanto a las bolsas son las reutilizables. Tanto para el transporte de la compra como para la fruta y la verdura.

El envase de productos frescos suele implicar también grandes cantidades de plástico. La mejor alternativa es poder emplear envases reutilizables propios. Pero, si no es el caso, los consejos a seguir serían el optar por las bandejas más finas y evitar los envalajes de productos en lonchas con separaciones de plástico en el interior.

¿Y qué pasa con el bocadillo de nuestras hijas e hijos? El papel de aluminio se relaciona casi culturalmente a la merienda al salir de los centros escolares. Y es verdad que este material es 100% reciclable en una cantidad de veces limitada, por lo que no es la peor opción. En cambio, podemos emplear envoltorios reutilizables o tuppers para llevar la merienda al colegio. ¡Hay un montón de opciones!

Pero una compra sostenible no solo significa escoger nuestros alimentos y demás productos con menor impacto medioambiental, podemos hacer más. Intenta siempre ir andando a hacer la compra y si no fuese posible, optar por medios de transporte sostenibles.

Sabiendo todo esto, ¿cambiará tu próximo carrito de la compra?