PLÁSTICO ALIMENTARIO

Tenemos presente el plástico en casi cada aspecto de nuestra vida: coches, muebles, construcción, productos de cosmética e higiene, embalajes… Todo tipo de formas, por supuesto, también vinculadas a nuestra alimentación. Pero hay un cambio de pensamiento, el público se encuentra descontento. La concienciación de los últimos años por lo que tarda el plástico en degradarse (entre 100 y 1000 años) y su uso abusivo han generado rechazo y preocupación por su factor contaminante.

Todas las personas hemos escuchado hablar sobre la presencia de plásticos y micro-plásticos en mares y océanos, y su grave efecto sobre la fauna marina. Más nos preocupa aún cómo el plástico se traslada por toda la cadena alimentaria. Ahora toca pasar a la acción, debemos tomar conciencia de nuestra parte de responsabilidad, y actuar y tomar medidas para intentar reducir su uso y favorecer su reciclaje. ¡Animaos!

 

Nuestra salud en riesgo

Estamos en contacto diario con el plástico, de manera directa a través de la alimentación y los productos de higiene. La comida tiene contacto con muchos materiales, y es lógico pensar que en mayor o menor medida se produzca una pequeña migración del material al producto. Lo cual, podría tener algún efecto no deseable sobre nuestra salud. Por ello los materiales se someten a  estudios exhaustivos y la aprobación de expertos europeos, que establecen controles y requisitos legales que exigen que los materiales no liberen sus componentes a los alimentos en niveles que resulten perjudiciales para la salud humana.

Lo no tan conocido es la clave del problema, los plásticos contienen aditivos, sustancias químicas que se añaden para mejorar su procesamiento, y que son tóxicos. Existen diversos estudios centrados en detectar fugas de estas sustancias durante la totalidad de la vida de los materiales de plástico.

Uno de estos materiales es el llamado Bisfenol A (BPA), el cual es empleado en la fabricación de envases destinados a los alimentos. Los envases producidos a través de este material tienen efectos no deseables para el organismo, si su exposición se demora demasiado. De hecho, puede actuar como disruptor de endocrinos, y alterar el sistema hormonal debido a que su estructura química es muy similar a la de los estrógenos.

Pero no todo se centra en la alimentación. Existen otros compuestos tóxicos que, aunque no están presentes en los plásticos utilizados en el sector alimentario, tienen una presencia relevante en nuestro entorno, siendo inevitable que acaben llegando hasta el consumidor.

 

Tips para un consumo más sano

Podemos aplicar algunas prácticas sencillas en nuestro día a día para poder contribuir en la actual dinámica abusiva del uso de plástico. Estas acciones supondrán un beneficio tanto para nuestro entorno como para nuestra salud.

¿Cómo evitar generar tanta basura no biodegradable?

  • Evita el uso de bolsas de plástico, y usar opciones reutilizables. ¡Ya hay muchas personas que desarrollan esta práctica!
  • Gestiona correctamente los residuos en el hogar. No descuides los envases, recicla correctamente.
  • Escoge alimentos a granel o con poco embalaje. Hasta hace pocas generaciones ir al mercado o al pequeño comercio del barrio era una práctica habitual. Que permitía a la ciudadanía comprar alimentos frescos que añadíamos directamente a nuestra cesta de la compra.

En cambio, el cambio en los hábitos de compra ha cambiado, rendimos a la comodidad por la falta de tiempo y vamos a los establecimientos que nos permiten comprar todo en el mismo lugar. En estos sitios abundan los alimentos procesados y envasados. Incluso las verduras y las frutas se presentan en paquetes envasados con bandeja y film de plástico.

Quizá es momento de reflexión y de revertir esta tendencia apostando por el producto “a granel”. ¡Ojo! Sin caer en el error de coger una bolsa de plástico para cada alimento.