SUPERALIMENTOS

Últimamente se ha generalizado el concepto de superalimento, que suele usarse para hablar de alimentos exóticos, aparentemente con contenidos muy elevados en compuestos beneficiosos, y cuyo consumo serviría para prevenir ciertas enfermedades. Pero, ¿lo tienen todo? ¿Son verdaderamente tan beneficiosos?

Se trata en realidad de un campo en el que circulan múltiples mitos o medias verdades, sobre todo si se tiene en cuenta que el concepto de superalimento no ha sido realmente definido.

Los superalimentos ¿Pueden ser sustituidos por alimentos más comunes? ¿Su consumo puede tener algún efecto adverso? ¿Cómo podemos garantizar un consumo adecuado de los alimentos favorables para la salud?

 

Comer equilibrado y sano no debe encarecer la cesta de la compra

Recientemente se han incorporado a la cesta de la compra los mencionados ‘superalimentos’. Sin embargo, debido a sus precios, resulta complicado incorporarlos en las dietas de muchas familias. A pesar de que la alimentación saludable no debería estar nunca ligada a las capacidades económicas.

La clave es poder elaborar menús sanos y equilibrados por muy poco dinero, ya que se puede comer igual de saludable con alternativas más asequibles y con un valor nutricional parecido. Así, además, evitamos modas que, normalmente, es lo que encarece la cesta de la compra. Y no solo eso… debemos desmitificar algunas imágenes que se han creado alrededor de estos alimentos, como bayas de açaí o de goji, el alga Klamath, el té matcha, la raíz de maca, el baobab o quinoa…

Entre estos mitos se encuentra la idea de que los ‘superalimentos’ son ‘anticáncer’, ya que a pesar de que algunos de estos productos sí tienen propiedades para prevenirlo, este tipo de alimentos no existen. Los ‘superalimentos’ son sanos y beneficiosos, pero no son un producto milagro, ni la solución a los problemas de salud (información proveniente de estudios científicos de la Universidad de Harvard y la Asociación Americana Anticáncer).

 

Un cambio a peor, en la alimentación y, consecuentemente, en la salud

Con el cambio «a peor» de sus hábitos alimenticios, la ciudadanía está sufriendo una mayor incidencia de enfermedades como el cáncer de piel, de colon, de mama e incluso de pulmón.

En los últimos 50 años hemos pasado de la dieta mediterránea que utilizaban nuestros abuelos, basada en las legumbres, verduras o frutas, al ‘boom’ de la comida rápida y la comida precocinada. Esto hace que aumente el consumo de grasas saturadas y sal, principalmente. Pero también afecta al consumo de una gran cantidad de calorías de manera rápida y en porciones pequeñas.

Pero la dieta, tampoco lo es todo. Si a los mencionados hábitos alimenticios se le suma la falta de ejercicio o el consumo de ciertos estupefacientes, el riesgo de padecer ciertas enfermedades se eleva.